NUESTRO CARISMA QUEDA REFLEJADO EN NUESTRO LEMA:

“CON CRISTO POR MARÍA ME SANTIFICO POR ELLOS”

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El nombre de Misioneras de Cristo Sacerdote expresa nuestro carisma y define nuestra espiritualidad y nuestra misión apostólica.

 

 

Buscamos la mayor gloria de la Santísima Trinidad, la salvación de los hombres y nuestra propia santificación en la configuración real con Jesucristo-virgen-pobre-obediente, Sacerdote y Víctima.

 

 

Queremos revivir de una manera especial el Sacrificio Sacerdotal de Jesús.

 

Somos en Él, con Él, por Él y para Él, en comunión con la Virgen María, hostias vivas y ofrenda sacerdotal para bien de toda la Iglesia, y muy particularmente de los sacerdotes, inmolándonos especialmente por su santificación y por la fecundidad de su ministerio.

 

Este carisma supone y exige una especial y progresiva configuración con Jesucristo en el misterio de su Sacerdocio y de su Sacrificio.


La Eucaristía, para nosotras, es memoria, presencia y actualización de la Encarnación-Vida-Pasión-Muerte-Resurrección del Señor. Es el centro mismo de toda nuestra vida consagrada, de nuestra espiritualidad y de nuestra misión evangelizadora.

La fuente original del este espíritu la hallamos en la oración sacerdotal de Cristo: “Por ellos me santifico para que también ellos sean santificados en la verdad”.

 

 

También recogemos el fuerte clamor de Cristo a sus discípulos: “La mies es mucha, los operarios pocos, rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”

 

La gloria de Dios y la salvación de las almas es misión de vida sacerdotal santa y fecunda, por ello nuestra oración por los sacerdotes, la vida de inmolación y el auxilio a los ministros de Dios.

Aspiramos a ser mensaje de Cristo en todos los ambientes.

 

Nuestro apostolado no tiene fronteras; el mundo entero de las almas ha de ser el campo de trabajo de la Misionera.