Madre María Dolores Segarra

Madre María Dolores Segarra

"Nuestra santidad está en esas pequeñas cosas... ¿Tú vas a Dios y le dices que estás dispuesta a ser víctima por los sacerdotes?... ¿Y ahora que te contrarían...? Pues ahora tienes que sonreír y decir de verdad al Señor "te amo". Al hacerlo así, se une mi alma al Señor de verdad. Entonces estoy siendo lo que Él quiere que sea"

"¡Qué alegría esa sed ofrecida para que los sacerdotes tengan hambre y sed de Cristo!"

"Dispuestas a darlo todo y a darnos totalmente en holocausto por los Sacerdotes"

"Oración, Misa, Comunión, trabajo, estudio. Dáselo todo al Señor, con amor, para sus sacerdotes. Dáselo por medio de María, la criatura que más agradó a Dios"

La sierva de Dios, M. María Dolores Segarra Gestoso, nació en Melilla el 15 de marzo de 1921.

Era la tercera hija viva de D. Mariano, militar, y Dña. Elisa quienes formaron un hogar profundamente católico en donde Dios era alguien muy querido y cercano.

 

La vocación religiosa la experimentó la sierva de Dios desde muy niña: «desde siempre», eran sus palabras.

 

Los dones naturales recibidos de Dios, tales como su alegría, su don de gentes y su sencilla afabilidad junto con una gran coherencia entre su oración -«estar con el Señor», decía- y su actuar, la condujeron a una exquisita caridad y olvido de sí que se traducía en obras de apostolado que ejerció en diversos lugares, a causa de los destinos de su padre, y de un modo especial en la parroquia del Sagrado Corazón de Melilla que regentaba D. Sebastián Carrasco Jiménez.

La creciente ansia de entrega completa a Dios como religiosa la veía María Dolores, en cierto modo, coartada al no encontrar el Instituto «que llevaba dentro del alma» con unas líneas muy definidas: oración y sacrificio por la santidad y aumento de sacerdotes junto con apostolado directo cerca de las almas en colaboración con la Jerarquía.

 

Fiel a este llamamiento del Señor, y después de muchos sufrimientos e incomprensiones, se pone bajo la dirección espiritual de Don Sebastián, su antiguo confesor en Melilla y entonces Vicario General de Málaga.  

 

Este, que pretendía desde mucho tiempo atrás (doblaba en edad a la sierva de Dios), fundar una congregación religiosa que auxiliase a los sacerdotes en su ministerio, encontró en Madre María Dolores la persona idónea que buscaba; y ella, que llevaba dentro de sí un ideal muy concreto, recibió de Don Sebastián el apoyo necesario para llevarlo a la práctica.

 

Y de ambos se valió el Señor para fundar en su Iglesia el Instituto de Vida Consagrada «Misioneras de Cristo Sacerdote» con un carisma activo y contemplativo: oración, sacrificio y actividad apostólica de espíritu sacerdotal.

 

Para la sierva de Dios todo apostolado debe nacer de una íntima unión con Dios pues hay que «dar a Cristo y sólo a Él» y para darlo, hay que «perderse» antes en el Señor con una profunda vida de oración «para consolarle de tantos abandonos, para pedirle por las almas, para hablarle de sus sacerdotes y rogar por la santidad sacerdotal»

De aquí que su vocación específica se asienta sobre dos frases evangélicas: «Pro eis sanctifico meipsum» (Jn 17,19) y «Rogad al Señor de la mies que envíe operarios a su mies» (Mt 9,37-38) que la conducen a sus «tres grandes amores: Eucaristía, Santísima Virgen, Santa Iglesia».

 

La gloria de Dios y la salvación de las almas por el sacerdote santo es en ella casi una idea fija. Pero hay que comenzar por uno mismo viviendo en la presencia de Dios que habita dentro del alma en gracia. Sólo así se puede ser apóstol, a quien define como persona «enamorada de la gloria de Dios y del bien de las almas».

 Mujer moderna, muy de su tiempo, se alegraba de vivir en época de grandes inventos para poder llegar así al mayor número de almas.

 

Por eso quería preparadas a sus hijas para estar prontas a desempeñar el servicio que la Iglesia Jerárquica les pidiese, dentro del espíritu sacerdotal propio de la Congregación. 

 

Ella misma, sin haber cumplido los veinte años (hacia 1940), daba charlas a jóvenes tanto en Acción Católica como a estudiantes, organizaba el Fomento de Vocaciones y escribía -y leía- un guion radiofónico cuando las tareas apostólicas lo exigían, no sin antes orar mucho.

 

La espiritualidad de ambos Fundadores queda plasmada en esta frase de la sierva de Dios: «Nuestra vocación es de don total. Ella me exige que todos los actos de mi día, todas las oraciones, todos los sacrificios, en una palabra: TODO, vaya buscando un solo fin: la gloria de Dios en la santificación de los sacerdotes por el bien de las almas».

 

Vivir esta vocación de espíritu sacerdotal exige el vaciamiento de sí mismo, para que sea Cristo el que se acerque y actúe en las almas y no nuestros esquemas. Apostolado, para la sierva de Dios, son las obras no las palabras, por bonitas que sean; es transparentar a Cristo a través de los sucesos diarios. Ella escribe: «Las ocasiones, prósperas o adversas, que se nos van presentando en nuestra vida son algo así como un sacramento: nos traen a Dios. Nos introducen en su voluntad». 

 

Por eso, insiste en que debemos aprovechar todas las ocasiones que el Señor nos brinda a lo largo del día, por insignificantes que parezcan a nuestros ojos, ya que el amor es el que las hace grandes o pequeñas.

 

 

Falleció la sierva de Dios el 1 de marzo de 1959, sin haber cumplido los 38 años de edad. Su Obra está actualmente presente en Las Rozas de Madrid, Granada, Cáceres, Huéscar y Lurín (Perú) desarrollando apostolados muy diversos.

D. Angel Suquía Goicoechea, Cardenal Arzobispo de Madrid, abrió el Proceso de canonización de la sierva de Dios el 5 de junio de 1987. 


El 29 de septiembre de 2020 Su Santidad el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causa de los Santos la promulgación del Decreto de Virtudes Heroicas de la Venerable Sierva de Dios María Dolores Segarra.